viernes, 12 de octubre de 2012

Las venas abiertas de América Latina (fragmento) - Eduardo Galeano

Túpac Amaru —¿Quiénes nos han puesto en este estado de morir tan deplorable? ¿Quiénes se chupan nuestra sangre y comen de nuestro sudor? ¡Nos tratan como a perros, nos sacan el pellejo! ¡Cortemos de una vez el mal gobierno de tanto ladrón zángano que nos roba la miel de nuestros panales! ¡Hermano: el patrón ya no comerá más de tu pobreza!

En 1780, se levantó contra todo este sistema de muerte y esclavitud, José Gabriel Condorcanqui, Tupaj Amaru, que sublevó a los indígenas desde el valle del Cusco, se sublevó junto a miles de esclavos que servían en las haciendas y en los obrajes. Era una espalda y otra espalda, y todas llenas de cicatrices. Por traición, Tupac Amaru cayó en manos de los españoles. Lo llevaron a la plaza del Cusco, le cortaron la lengua, lo amarraron de pies y manos a las cinchas de cuatro caballos.


PREGONERO —¡Se prohíbe a los indios usar sus vestidos tradicionales!… ¡Se prohíben todas las pinturas de los incas!...

Los caballos corren hacia las cuatro esquinas de la plaza. Y tiran y tiran, pero no rompen el cuerpo del indio. No pueden.


PREGONERO —¡Se prohíbe a los indios celebrar sus fiestas! ¡Se prohíbe hablar en lengua quechua! ¡Se prohíbe el sonido del pututu!


Las espuelas de los jinetes desgarran los vientres de los caballos en un gran esfuerzo. Pero no pueden, no pueden romper su cuerpo. Tupaj Amaru no se parte, no se parte nunca.


PREGONERO —¡Se ordena a los indios vestirse según la costumbre española! ¡Se ordena a las indias peinarse según la costumbre española! ¡Se ordena a los indios hablar la lengua española!


Por fin, cuando el sol se oculta por no mirarlo, cortan el cuerpo del indio en pedazos y lo degüellan como hace dos siglos a Atahualpa, su antepasado.


PREGONERO —¡Se ordena que no quede semilla de este maldito nombre de Tupaj Amaru!!

Así murió el padre de los pobres, Tupaj Amaru, por querer ver a sus hermanos indios libres de la esclavitud.

COMPADRE —Y como él, tantos otros en tantos lugares de América Latina.
VECINA —De los muertos que mataron no nos dicen nada. Y de los que murieron peleando, todavía menos.
COMPADRE —Pero los nietos de los muertos y los nietos de los que murieron peleando, están entre nosotros. 50 de cada 100 ecuatorianos, 50 de cada 100 peruanos, 60 de cada 100 bolivianos, 70 de cada 100 guatemaltecos, son indios. Son los sobrevivientes de nuestros antepasados de América. Aún son esclavos en sus tierras. Pero ya se quitaron la máscara del susto. Y con su verdadero rostro rechazan ese «encuentro de culturas», que nunca existió.

2 comentarios:

  1. Una vergüenza histórica, amiga. Ellos cayeron ante el antiguo imperio español, nosotros caeremos ante el imperio actual.

    Para que sepas de mi indignación te dejo un fragmento de mi poema "Herederos de la tierra":

    "Si vierais la selva en boca de fuego,
    antorcha en los brazos de anchas ambiciones,
    insignes linajes a destierro y miseria
    No lloréis por ellos
    Llorad por nosotros y por nuestros hijos
    herederos de la tierra"

    Un abrazo

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  2. Hermoso y sentido poema. Yo no creo en las "vergüenzas históricas". Feuron momentos que nos han deerminado como humanidad. Pero debemos aprender de esos momentos tremendos y hacer algo distinto con ellos. Me duele la historia muchas veces, pero confío en que alguna vez, los hombres que la hacemos queriendo y sin querer, solucionaremos las cosas para que nunca más haya vencedores, ni tampoco vencidos. Un abrazo enorme amiga!!!!

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